Diálogo con Eric Laurent en Buenos Aires
Por Diana Paulozky *
D. Paulozky
Ya Herman Mellville, el autor de Moby Dick y Bartleby, nos anunciaba, en el siglo XIX, el peso de la gran ciudad sobre los sujetos. Nos anticipaba un hombre aplastado y mecanizado por la gran metrópolis. ¿Piensas que los nuevos síntomas son respuesta a esa mecanización?
E. Laurent
La ‘mecanización de la vida’ en principio, forma parte de las críticas de la vida moderna, tal como surgieron al comienzo del siglo XX. Freud, en su texto ‘La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna’, se niega a hacer de la vida ‘moderna’, la causa de un nerviosismo generalizado. Limitaba la causa de la nerviosidad moderna al reconocimiento sexual."La influencia nociva de la civilización, nos dice Freud, se reduce esencialmente a la represión nociva de la vida sexual de los pueblos civilizados, por la moral sexual ‘civilizada’ que los domina". Él veía la prueba de la importancia de esa causa, en su conexión con lo sagrado, con el encantamiento del mundo, como lo habría dicho Max Weber. "La renuncia se ha hecho progresivamente, durante el desarrollo de la civilización;(...) la parte de satisfacción de la pulsión, a la cual se había renunciado, era sacrificada a la divinidad. El bien común adquirido de esa manera, era declarado ‘sagrado’ ". Freud crea en este texto una nueva clase de ‘soberano bien’: la satisfacción sexual.Basta abordar la cuestión sexual, para que la civilización produzca el malestar.En este sentido, la ‘mecanización de la vida’, sólo es una causa si afecta al ‘sentimiento de la vida’, o sea, al lugar donde se anuda lo vital y lo sexual. Mecanización de la vida debe entenderse, como la intrusión de la muerte en la vida. Así, las extrañas circunstancias del suicidio del hijo de H. Melville, dan prueba de lo que en el padre estaba afectado.
D. P.
El mes pasado hemos tenido en Argentina un Congreso sobre la Lengua. ¿Es posible que la creación de nuevas fórmulas o giros del lenguaje, responda a una necesidad de diferenciación en un mundo homogeneizante, que borra las diferencias?
E. L.
La civilización globalizada se encuentra tomada en un doble movimiento. Por una parte, las lenguas desaparecen de la superficie del planeta, a un ritmo jamás visto, a la medida de la unificación de las condiciones de vida y de los desplazamientos de la población, por la extensión de las guerras o la coordenada económica. Por otro lado, asistimos al nacimiento de mezclas inéditas en las lenguas, que dinamizan el espacio interlingüístico y nuevas literaturas, que hasta ese momento no habían tenido lugar en la literatura. Yo felicito la iniciativa del ‘Congreso sobre la Lengua’, porque permite hacer un estado de los procesos de cambio, fuera de la perspectiva tan nociva, de la‘pureza’ de la lengua. El Congreso de la Lengua es el reverso de la defensa académica de una lengua fija. Permite inscribir las diferenciaciones en curso, en un espacio público de debate, en una vasta‘conversación sobre la lengua’.
D. P.
¿El nuevo concepto de "Imperio" de Negri y Hardth, en oposición a imperialismo, con estados sin fronteras, con un poder desterritorializado, muestra la posibilidad de producir nuevas subjetividades?
E. L.
‘Imperio’, según Negri y Hardt, es un régimen de destrucción de las identificaciones tradicionales, con una topología nueva. No hay necesidad de ocupar los territorios. Se hace a la imagen de los flujos financieros. En términos de Deleuze, se territorializa y desterritorializa sin tregua. Produce nuevas identidades comunitarias, al mismo tiempo que va en detrimento de las más antiguas. También ese régimen de poder produce nuevas resistencias. Es en ese sentido, que es portador de nuevas y múltiples posiciones subjetivas. Incluso permite soñar con un horizonte de identificaciones lábiles, maleables, casi virtuales, las ‘quimeras’, como las llamó Jacques-Alain Miller. La experiencia del psicoanálisis hace objeción a esa perspectiva. Hay para cada uno un resto, que no se puede reabsorber en el registro del cambio. El objeto del goce resiste a la plasticidad de los relatos fantasmáticos. La experiencia que nosotros hacemos de ‘Imperio’, nos muestra también, esos procesos de resistencia y de inercia, funcionando a nivel de las comunidades políticas. Para Charles Taylor, la identidad canadiense-francesa, funda en esa comunidad, las leyes de excepción sobre la obligación de la enseñanza de la lengua para todos. Es también como límite, que aparece la identidad del sujeto religioso, que rechaza la asimilación en la modernidad.
D. P.
Hoy se ha perdido la línea divisoria que marcaba Smith, de amigo-enemigo. Ya no se sabe dónde puede aparecer el enemigo. Sin embargo algunos piensan que el peor de los males, más que el fundamentalismo, es el cinismo. ¿Qué piensas?
E. L.
No estoy seguro que los fundamentalistas religiosos, hayan perdido el sentido del enemigo. A los que se llaman cínicos, son los que sueñan con un hedonismo apacible, más allá del régimen de la ley y la prohibición. Ellos quieren olvidar que más allá de su impotencia de mantenerse a la altura del imperativo del goce, ellos encontrarán los imposibles. Estos toman dos formas esenciales. Una, el de las modalidades de goce, que se oponen a la de ellos, y es el conflicto de los fundamentalismos; y, más aún, un principio ilimitado, frente a la muerte. Las multiadicciones modernas, así lo prueban. Es en ese sentido, que el cinismo del goce y el fundamentalismo no son más que el derecho y el revés de un mismo fenómeno.
D. P.
El 20 de Abril de 1999, en Columbine, se desató la violencia en un colegio. Le sucedieron en todo el mundo hechos similares.Borges decía que bastaba la irracionalidad de un solo hombre, para que otros lo sean. ¿Cómo pensar la proliferación de estos hechos fuera de la razón?
E. L.
Las manifestaciones de lo que Freud ha llamado la ‘pulsión de muerte’, son tan racionales como las manifestaciones de la belleza o las de la verdad. Simplemente necesitamos una razón que permita incluir la contribución del psicoanálisis. Columbine había estado precedido por olas de asesinatos suicidas, cometidos por adultos en las empresas o universidades americanas. Su eficacia fatal, ha aumentado por la comercialización de armas de guerra, que se beneficiaban de proyecciones tecnológicas importantes. Desde el empleado esquizofrénico paranoide, hasta los grandes delirantes, los excluidos del mercado laboral se vengaron, dando prueba a su manera, de la privatización del Otro. Columbine sigue siendo el testimonio que no es la miseria material, lo que causa un gusto suicida en una generación, y que los adolescentes no tienen ninguna relación fácil con la vida. Columbine ha sido seguida por la ola más actual de bombardeos suicidas, esos que son inspirados en el fanatismo religioso, especialmente en el espectro del mundo musulmán. Ellos se inscriben con medios modernos en una tradición secular, que nunca ha abandonado la tradición Chiita, por ejemplo. La yuxtaposición de esos diferentes suicidios, su producción en cadena, están allí para mostrarnos cuánto de lo que allí se trata, no se reduce a una identificación a un ideal, o a la nada de la desesperación. El misterio que escapa a la reducción psicológica de un ‘perfil’ afecta nuestro primer lazo al mundo exterior. Para Freud, es un lazo de odio que resurge como ‘odio en sí’. Esto no le pareció así al comienzo, pero es al final de su obra, que esta hipótesis se le hizo necesaria.
D. P.
En relación a estos cambios sociales, qué puede decir el psicoanálisis?
E. L.
El psicoanálisis debe mantenerse a distancia de ciertas tentaciones moralizantes del sujeto contemporáneo. La dureza de este tiempo, relanza una nueva ola de renuncias y sacrificios. Eso puede ser la nostalgia de una moral autoritaria, o el llamado a una moral hedonista tolerante, finalmente desembarazada del problema del mal. Enfrentarse al ‘odio en sí’ sin recurrir a un Dios, supone una práctica como el psicoanálisis, que opera ‘caso por caso’ y no con reglas que se aplican a todos, ya sea las de sabiduría o religión.
D. P.
Se puede constatar que el psicoanálisis no es el mismo. De hecho, no puede ser igual a lo largo de estos 100 años.Algunos pensadores ponen el acento en la fuerza de los nuevos lazos sociales. Mientras algunos vaticinan la desaparición del psicoanálisis, cada vez más, los psicoanalistas son requeridos en las empresas, la política y los medios. ¿Cómo ves el futuro del psicoanálisis?
E. L.
El psicoanálisis es ahora omnipresente en la cultura.El éxito del recurso a las psicoterapias en masa es un síntoma. El psicoanálisis se adaptó a lo largo del primer siglo de su existencia, a la extensión de su éxito. Los psicoanalistas propusieron incluso, una adaptación del psicoanálisis a todas las formas de demandas dirigidas a él. La paradoja es que este psicoanalista moderno, que se encuentra en todo lugar, no encuentra en ninguna parte un lugar bien definido y tranquilo. El psicoanalista sigue siendo un objeto no identificable.Se trata, entonces, para este psicoanalista contemporáneo, de acentuar los términos de esta paradoja y no de querer reducirlos. La extensión del psicoanálisis debe seguir siendo inventiva. Debe poder responder a las nuevas patologías de la época, como las adicciones y la violencia. Eso supone adaptar la práctica de la palabra a las instituciones especializadas. El psicoanálisis debe, en ese sentido, demostrar su eficiencia y utilidad. El psicoanalista debe, también, resistirse a toda tentativa de reducirlo a un auxiliar de la civilización, funcionario del estado o del mercado, porque él sabe que algo en la civilización no va. Sabe que siempre habrá ‘el síntoma’. Es el lugar que se le reserva. El psicoanalista ha devenido un síntoma de nuestra civilización. Él podrá permanecer si sabe reinventarse como supo hacerlo hasta aquí. La política del psicoanálisis es de reducirse a su lugar de síntoma y de renovar los usos que se haga de él.
* Entrevista a Eric Laurent publicada el viernes 10 de diciembre en el diario cordobés La Voz del Interior.
En el marco de las XIII Jornadas de Psicoanálisis de la Escuela de Orientación Lacaniana, recibimos a Eric Laurent , eminente psicoanalista francés, quien además de haber sido paciente de Jacques Lacan, y a la luz de su último libro, "Ciudades analíticas", podemos decir que es un pensador apasionado por la cultura.Este importante evento contó también con la visita del flamante Secretario de Cultura de la Presidencia de la Nación, Dr. José Nun, quien remarcó que la cultura implica la política y la democracia. Este tema fue ampliamente desarrollado en las conferencias que dictó Eric Laurent.
D. Paulozky
Ya Herman Mellville, el autor de Moby Dick y Bartleby, nos anunciaba, en el siglo XIX, el peso de la gran ciudad sobre los sujetos. Nos anticipaba un hombre aplastado y mecanizado por la gran metrópolis. ¿Piensas que los nuevos síntomas son respuesta a esa mecanización?
E. Laurent
La ‘mecanización de la vida’ en principio, forma parte de las críticas de la vida moderna, tal como surgieron al comienzo del siglo XX. Freud, en su texto ‘La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna’, se niega a hacer de la vida ‘moderna’, la causa de un nerviosismo generalizado. Limitaba la causa de la nerviosidad moderna al reconocimiento sexual."La influencia nociva de la civilización, nos dice Freud, se reduce esencialmente a la represión nociva de la vida sexual de los pueblos civilizados, por la moral sexual ‘civilizada’ que los domina". Él veía la prueba de la importancia de esa causa, en su conexión con lo sagrado, con el encantamiento del mundo, como lo habría dicho Max Weber. "La renuncia se ha hecho progresivamente, durante el desarrollo de la civilización;(...) la parte de satisfacción de la pulsión, a la cual se había renunciado, era sacrificada a la divinidad. El bien común adquirido de esa manera, era declarado ‘sagrado’ ". Freud crea en este texto una nueva clase de ‘soberano bien’: la satisfacción sexual.Basta abordar la cuestión sexual, para que la civilización produzca el malestar.En este sentido, la ‘mecanización de la vida’, sólo es una causa si afecta al ‘sentimiento de la vida’, o sea, al lugar donde se anuda lo vital y lo sexual. Mecanización de la vida debe entenderse, como la intrusión de la muerte en la vida. Así, las extrañas circunstancias del suicidio del hijo de H. Melville, dan prueba de lo que en el padre estaba afectado.
D. P.
El mes pasado hemos tenido en Argentina un Congreso sobre la Lengua. ¿Es posible que la creación de nuevas fórmulas o giros del lenguaje, responda a una necesidad de diferenciación en un mundo homogeneizante, que borra las diferencias?
E. L.
La civilización globalizada se encuentra tomada en un doble movimiento. Por una parte, las lenguas desaparecen de la superficie del planeta, a un ritmo jamás visto, a la medida de la unificación de las condiciones de vida y de los desplazamientos de la población, por la extensión de las guerras o la coordenada económica. Por otro lado, asistimos al nacimiento de mezclas inéditas en las lenguas, que dinamizan el espacio interlingüístico y nuevas literaturas, que hasta ese momento no habían tenido lugar en la literatura. Yo felicito la iniciativa del ‘Congreso sobre la Lengua’, porque permite hacer un estado de los procesos de cambio, fuera de la perspectiva tan nociva, de la‘pureza’ de la lengua. El Congreso de la Lengua es el reverso de la defensa académica de una lengua fija. Permite inscribir las diferenciaciones en curso, en un espacio público de debate, en una vasta‘conversación sobre la lengua’.
D. P.
¿El nuevo concepto de "Imperio" de Negri y Hardth, en oposición a imperialismo, con estados sin fronteras, con un poder desterritorializado, muestra la posibilidad de producir nuevas subjetividades?
E. L.
‘Imperio’, según Negri y Hardt, es un régimen de destrucción de las identificaciones tradicionales, con una topología nueva. No hay necesidad de ocupar los territorios. Se hace a la imagen de los flujos financieros. En términos de Deleuze, se territorializa y desterritorializa sin tregua. Produce nuevas identidades comunitarias, al mismo tiempo que va en detrimento de las más antiguas. También ese régimen de poder produce nuevas resistencias. Es en ese sentido, que es portador de nuevas y múltiples posiciones subjetivas. Incluso permite soñar con un horizonte de identificaciones lábiles, maleables, casi virtuales, las ‘quimeras’, como las llamó Jacques-Alain Miller. La experiencia del psicoanálisis hace objeción a esa perspectiva. Hay para cada uno un resto, que no se puede reabsorber en el registro del cambio. El objeto del goce resiste a la plasticidad de los relatos fantasmáticos. La experiencia que nosotros hacemos de ‘Imperio’, nos muestra también, esos procesos de resistencia y de inercia, funcionando a nivel de las comunidades políticas. Para Charles Taylor, la identidad canadiense-francesa, funda en esa comunidad, las leyes de excepción sobre la obligación de la enseñanza de la lengua para todos. Es también como límite, que aparece la identidad del sujeto religioso, que rechaza la asimilación en la modernidad.
D. P.
Hoy se ha perdido la línea divisoria que marcaba Smith, de amigo-enemigo. Ya no se sabe dónde puede aparecer el enemigo. Sin embargo algunos piensan que el peor de los males, más que el fundamentalismo, es el cinismo. ¿Qué piensas?
E. L.
No estoy seguro que los fundamentalistas religiosos, hayan perdido el sentido del enemigo. A los que se llaman cínicos, son los que sueñan con un hedonismo apacible, más allá del régimen de la ley y la prohibición. Ellos quieren olvidar que más allá de su impotencia de mantenerse a la altura del imperativo del goce, ellos encontrarán los imposibles. Estos toman dos formas esenciales. Una, el de las modalidades de goce, que se oponen a la de ellos, y es el conflicto de los fundamentalismos; y, más aún, un principio ilimitado, frente a la muerte. Las multiadicciones modernas, así lo prueban. Es en ese sentido, que el cinismo del goce y el fundamentalismo no son más que el derecho y el revés de un mismo fenómeno.
D. P.
El 20 de Abril de 1999, en Columbine, se desató la violencia en un colegio. Le sucedieron en todo el mundo hechos similares.Borges decía que bastaba la irracionalidad de un solo hombre, para que otros lo sean. ¿Cómo pensar la proliferación de estos hechos fuera de la razón?
E. L.
Las manifestaciones de lo que Freud ha llamado la ‘pulsión de muerte’, son tan racionales como las manifestaciones de la belleza o las de la verdad. Simplemente necesitamos una razón que permita incluir la contribución del psicoanálisis. Columbine había estado precedido por olas de asesinatos suicidas, cometidos por adultos en las empresas o universidades americanas. Su eficacia fatal, ha aumentado por la comercialización de armas de guerra, que se beneficiaban de proyecciones tecnológicas importantes. Desde el empleado esquizofrénico paranoide, hasta los grandes delirantes, los excluidos del mercado laboral se vengaron, dando prueba a su manera, de la privatización del Otro. Columbine sigue siendo el testimonio que no es la miseria material, lo que causa un gusto suicida en una generación, y que los adolescentes no tienen ninguna relación fácil con la vida. Columbine ha sido seguida por la ola más actual de bombardeos suicidas, esos que son inspirados en el fanatismo religioso, especialmente en el espectro del mundo musulmán. Ellos se inscriben con medios modernos en una tradición secular, que nunca ha abandonado la tradición Chiita, por ejemplo. La yuxtaposición de esos diferentes suicidios, su producción en cadena, están allí para mostrarnos cuánto de lo que allí se trata, no se reduce a una identificación a un ideal, o a la nada de la desesperación. El misterio que escapa a la reducción psicológica de un ‘perfil’ afecta nuestro primer lazo al mundo exterior. Para Freud, es un lazo de odio que resurge como ‘odio en sí’. Esto no le pareció así al comienzo, pero es al final de su obra, que esta hipótesis se le hizo necesaria.
D. P.
En relación a estos cambios sociales, qué puede decir el psicoanálisis?
E. L.
El psicoanálisis debe mantenerse a distancia de ciertas tentaciones moralizantes del sujeto contemporáneo. La dureza de este tiempo, relanza una nueva ola de renuncias y sacrificios. Eso puede ser la nostalgia de una moral autoritaria, o el llamado a una moral hedonista tolerante, finalmente desembarazada del problema del mal. Enfrentarse al ‘odio en sí’ sin recurrir a un Dios, supone una práctica como el psicoanálisis, que opera ‘caso por caso’ y no con reglas que se aplican a todos, ya sea las de sabiduría o religión.
D. P.
Se puede constatar que el psicoanálisis no es el mismo. De hecho, no puede ser igual a lo largo de estos 100 años.Algunos pensadores ponen el acento en la fuerza de los nuevos lazos sociales. Mientras algunos vaticinan la desaparición del psicoanálisis, cada vez más, los psicoanalistas son requeridos en las empresas, la política y los medios. ¿Cómo ves el futuro del psicoanálisis?
E. L.
El psicoanálisis es ahora omnipresente en la cultura.El éxito del recurso a las psicoterapias en masa es un síntoma. El psicoanálisis se adaptó a lo largo del primer siglo de su existencia, a la extensión de su éxito. Los psicoanalistas propusieron incluso, una adaptación del psicoanálisis a todas las formas de demandas dirigidas a él. La paradoja es que este psicoanalista moderno, que se encuentra en todo lugar, no encuentra en ninguna parte un lugar bien definido y tranquilo. El psicoanalista sigue siendo un objeto no identificable.Se trata, entonces, para este psicoanalista contemporáneo, de acentuar los términos de esta paradoja y no de querer reducirlos. La extensión del psicoanálisis debe seguir siendo inventiva. Debe poder responder a las nuevas patologías de la época, como las adicciones y la violencia. Eso supone adaptar la práctica de la palabra a las instituciones especializadas. El psicoanálisis debe, en ese sentido, demostrar su eficiencia y utilidad. El psicoanalista debe, también, resistirse a toda tentativa de reducirlo a un auxiliar de la civilización, funcionario del estado o del mercado, porque él sabe que algo en la civilización no va. Sabe que siempre habrá ‘el síntoma’. Es el lugar que se le reserva. El psicoanalista ha devenido un síntoma de nuestra civilización. Él podrá permanecer si sabe reinventarse como supo hacerlo hasta aquí. La política del psicoanálisis es de reducirse a su lugar de síntoma y de renovar los usos que se haga de él.
* Entrevista a Eric Laurent publicada el viernes 10 de diciembre en el diario cordobés La Voz del Interior.
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