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Nombre: Reunión de Investigación
Ubicación: Rosario, Santa Fe, Argentina

Responsable: Alfredo Daniel Cherara / Coordinador: Walter Leone / Horario: Viernes 19.30 a 20.30 Horas / Duración: Anual / Lugar: Jujuy 1610 * Rosario / Reunión de Apertura: 28 de Abril de 2006 / Calendario de encuentros: Mayo 12 y 26 / Junio 16 y 30 / Julio 14 / Agosto 4 y 18 / Septiembre 15 y 29 / Octubre 13 / Noviembre 3 y 17 / Contacto: Walter Leone - walterleone@ciudad.com.ar

7.2.05

Vivimos en la era de la hipermodernidad

Gilles Lipovetsky, filósofo *


Es una de las mentes más lúcidas del actual panorama intelectual, un pensador ajeno a corrientes o escuelas que se ha pasado más de veinte años analizando el concepto de modernidad en nuestra sociedad, de manera pragmática y huyendo de cualquier alienación.


GILLES Lipovetsky (1944), profesor de la Universidad de Grenoble (Francia), solicitado conferenciante y autor de multitud de obras ("Me gusta escribir sobre lo que observo y no libros sobre libros", ha dicho), contribuye a interpretar del mejor modo posible nuestra época, abriendo nuevos cauces al desarrollo del pensamiento. Según él, "Hemos pasado de la postmodernidad a la hipermodernidad", en un momento en el que los intelectuales "comparten los mismos valores que el conjunto de la sociedad; proponen interpretaciones divergentes, no otro modelo colectivo".

Su último libro traducido al castellano lleva el título de Metamorfosis de la cultura liberal. Mientras, en su país, Francia, acaba de publicar Les temps hypermodernes. En este se percata de una realidad que va más allá de la modernidad.
Les temps hypermodernes es el último estado de mi reflexión. Creíamos que salíamos de la modernidad, pero se preparaba una hipermodernidad, una sociedad fundada sobre grandes principios de la modernidad, los derechos del hombre, el mercado y la tecnociencia. Estos tres principios se han exacerbado, han ido al extremo. No nos hallamos en una sociedad que ha sobrepasado la modernidad, sino en una modernidad superlativa. Se ha liberado de contramodelos. De ahí que vivamos en la era de la hipermodenidad.

¿Por qué fue tan polémico su libro La tercera mujer?
Quienes hicieron de este libro una obra polémica fueron las feministas, porque no se reconocieron en él, mientras que el conjunto de las mujeres, se vieron identificadas. Lo que pretendí transmitir con esta obra es que la emancipación de las mujeres no es total, y que se da dentro de un cuadro heredado del pasado. La tercera mujer es una mezcla de mujer antigua y moderna, de igualdad y diferencia, de tradición y de autonomía individual.

La liberación de la mujer en la sociedad occidental ha creado una nueva relación con el hombre.
En la actualidad, ella busca conciliar su profesión y el compromiso en el terreno familiar. Antes sólo se la encuadraba en la familia. No creo que la mayoría de las mujeres renuncien a su vida privada, a educar a sus hijos, únicamente por el trabajo. Vamos hacia un equilibrio que puede crear desequilibrios.

Se ha dicho que hoy la pareja es un producto más del mercado.
Reposa sobre un solo valor, el amor, no el mercado. Es el amor, pero más conflictivo, por la situación de inestabilidad que vivimos. El individualismo se acompaña del conflicto en la relación de pareja. Antes también, pero había códigos, normas...

Ahora que cita la palabra individualismo, ¿qué Empuja cada vez más a los seres humanos hacia él?
Lo que yo describo desde hace veinte años se acompaña de conflicto en la pareja, que viene a ser inevitable, como en toda democracia. Asistimos a un inquietante debilitamiento emocional de los individuos. Todos estamos faltos de tiempo. La cuestión del tiempo se ha convertido en algo crucial. Creo que el siglo XXI, la época hipermoderna, va a crear condiciones extremamente conflictivas entre hombres y mujeres, tanto directas como indirectas.

¿Y la felicidad? Una y otra vez nos empeñamos en creer que por medio del consumo accederemos a ella.
Esto nos lo dice la publicidad. En parte es cierto: creemos que teniendo, por ejemplo, un coche más grande y potente, nos puede ir mejor en la vida, pero al mismo tiempo, no es así. El consumo ocupa un lugar muy importante en la existencia humana, procura satisfacciones, pero es evidente que no da la felicidad, aunque sí el placer.

Esto me trae a la memoria Les choses (Las cosas), aquel relato de Georges Perec en el que somos testigos de la vida de una joven pareja, para quien –"la felicidad es algo inaccesible- está unida a las cosas que adquieren, está al servicio de las cosas"- ¿No seguimos igual?
No. Perec escribió ese libro hace cuarenta años, y desde entonces las cosas han cambiado. Efectivamente, hay para quien esto es así; otros buscan saciar su exigencia de comunicación, hablando, haciendo el amor... No estamos ante cosas, sino ante otra realidad. Asistimos, además, a la relación con el trabajo.

¿Podemos, por medio del arte, la cultura, contribuir a cambiar el mundo?
El arte se ha convertido en un producto más de consumo, en una figura de la moda. No tiene más que ver las masas de personas que acuden a las exposiciones de los museos. Consumimos arte. Este no tiene mucha influencia en el modo de vida. Eso de que con el arte se podía cambiar el mundo fue más bien un sueño de los modernos.

El creativo Philippe Starck opina que la moda es cínica y que se han de dar otras respuestas en este terreno.
Personalmente, percibo dos tendencias contradictorias en la moda vestimentaria; una, a la que hace referencia y que se concretiza, por ejemplo, en los adolescentes, donde claramente se da una tiranía, una obsesión por determinadas marcas; y la que, por el contrario, superada esa edad, es más tolerante, despliega ante nosotros una multiplicidad de modas, permitiéndonos adoptar estilos. La moda es más tolerante que antes, porque, por ejemplo, ahora podemos llevar prendas de otras épocas; no hay más que ver el estilo vintage (retro). La veo como un panorama de geometría variable.

¿Cómo percibe la actitud del ser humano ante las catástrofes mundiales?
Hoy en día carecemos de modelos para actuar ante el mundo. Nuestros antecesores vieron en la Revolución la mejor vía para cambiar el rumbo, se daba esta ilusión, con la idea de que ésta resolvería los problemas. Ya nadie cree en ello, aunque con esto no quiero decir que lo que caracteriza a los seres humanos actuales sea permanecer de brazos cruzados. Todo lo contrario. Ahí están multitud de movimientos y asociaciones, cada vez más numerosas, con deseos de hacer un mundo mejor.

En cierta ocasión, usted habló de una "sociedad sin alma". ¿Opina que vivimos en ella?
El término no me parece apropiado, lo veo un tanto cruel. La sociedad sin alma es la que está sujeta sólo al dinero y nuestra intención es la de no ser esclavos de nada. Esta sociedad es una sociedad perdida, incierta e inquieta, pero no sin alma.

¿Tiene alguna receta ante este panorama?
En todos los planos, nuestras sociedades han de invertir, por encima de todo, en la educación. Esa es la autentica conquista, porque el campo de la educación es ilimitado. Son los seres humanos y su inteligencia quienes tienen en su mano poder dibujar un futuro de esplendor.

Háblenos, antes de finalizar, de las obras en las que está trabajando.
Estoy finalizando un voluminoso libro que gira en torno al concepto de felicidad, el placer y el consumo. En lo que respecta a su país, el próximo año verán la luz Tiempos hipermodernos, libro sobre el que hablábamos al principio, y El lujo eterno, en español.

* Abraham de Amézaga - Reportaje extraído de Internet